jueves, 22 de noviembre de 2012
demografia de poblacion de mexico
Situación Demográfi ca de México 1910-2010
Ma Eulalia Mendoza García
Graciela Tapia Colocia
Introducción
Durante los últimos cien años, las características de la
población de México se vieron determinadas de manera
sustantiva por diversas circunstancias, entre ellas el fi n
del Porfi riato, el periodo revolucionario y los posteriores
esfuerzos emprendidos para reconfi gurar la dinámica demográfi ca del país.
Las decisiones tomadas en diferentes momentos del
siglo XX en materia de planeación poblacional impactaron
cada uno de los componentes del cambio demográfi co y
las consecuencias de estas transformaciones, a su vez,
modifi caron la forma de concebir y dirigir la política de
población en el país.
Así, en el presente documento se distinguen dos estadios de la historia demográfi ca del siglo XX y principios del
XXI. La primera va de 1910 a principios de 1970, caracterizada, en primer lugar, por las consecuencias que tuvo el
movimiento revolucionario en la población y, en segundo
término, por la puesta en marcha de diversas estrategias
que, después del estallido social, buscaban poblar el país y
recomponer su dinámica poblacional.
La siguiente fase demográfi ca del último centenario
comprende la segunda mitad de la década de los años 70
y se extiende hasta nuestros días. El evento que marca
el inicio de esta nueva etapa en la demografía del país es
la instrumentación de la ley de población vigente hasta
el día de hoy, marco a partir del cual se logra contener el
acelerado crecimiento de la población, con la consecuente necesidad de enfrentar las implicaciones propias de la
transición demográfi ca —entre ellas el envejecimiento
poblacional—, así como problemas relativos a la distribución de la población y su movilidad dentro y fuera del
territorio mexicano.
Aunque parezca evidente, es importante destacar que
la capacidad para identifi car, analizar e interpretar las transformaciones demográfi cas se encuentra estrechamente
ligada a la evolución de los instrumentos de captación de
información. Durante los últimos cien años, las estadísticas poblacionales en México han experimentado notables
modifi caciones no sólo en el volumen y naturaleza de la
información que recaban, sino también en la calidad de los
datos que proveen.
De esta manera, en el documento se analizan los principales cambios en los niveles y tendencias de los componentes del cambio demográfi co durante el último siglo, a
partir de la información disponible sobre el comportamiento
de cada uno de sus elementos, a saber, la fecundidad, la
mortalidad y la migración interna e internacional.
Previo al análisis referido, el artículo se detiene brevemente en la descripción general de las principales fuentes de
información estadística en materia demográfi ca, a fi n de dar
cuenta de la evolución de las mismas a través del tiempo.
Las fuentes de información
Los primeros indicios que existen sobre el uso de la estadística demográfi ca datan del año 1116 de nuestra era y
provienen de los monumentos, códices y jeroglífi cos de los
primeros pobladores indígenas que llegaron al gran Valle
de México. Una muestra de ello es el recuento que realizaba la población chichimeca cuando se encontraba bajo
el mando del rey Xólotl; el recuento consistía en que cada
persona depositara una piedra en un montón que después
sería contabilizado. Este montón de piedras era llamado
Nepohualco o Contadero.
Durante la época de la Colonia se llevaron a cabo diversos ejercicios estadísticos en materia de población, sin
embargo, fue hasta 1790 cuando por mandato del Conde de
Revillagigedo se efectuó el primer trabajo importante y sistemático de estadística demográfi ca en el país, que consistió 12
La situación demográfi ca de México 2010
gráfi cos innegables; algunos de los cuales no han revertido
su tendencia desde entonces —como el incremento en
la esperanza de vida, el decrecimiento de la mortalidad
infantil o el crecimiento de la población urbana frente a la
rural— mientras que otros no han seguido una evolución
lineal —como la fecundidad— e, incluso, se espera que en
el futuro se comporten de manera inversa a como lo han
hecho hasta ahora —como la mortalidad general.
De acuerdo con datos del censo de 1910, México contaba entonces con una población cercana a 15.2 millones
de habitantes (7.5 millones de hombres y 7.7 millones de
mujeres) y su estructura por edad era sumamente joven,
pues 42% de la población correspondía a individuos de
15 años de edad o menos. Entonces, la proporción de
adultos mayores (65 años y más) representaba apenas al
2% del total.
La lucha revolucionaria con la que el país entra a la
segunda década del siglo XX impactó notablemente no
sólo la vida social y política de México, sino también sus
características demográfi cas. En el denominado Censo
General de Habitantes de 1921 ofi cialmente se contabilizó a una población de 14.3 millones de habitantes
(7.0 millones de hombres y 7.3 millones de mujeres),
1
es decir, alrededor de 900 mil habitantes menos. En la
historia demográfi ca del país, éste es el único ejercicio
censal que ha registrado un monto de población inferior
al del censo precedente.
El decremento en el volumen de la población, registrado
a once años de iniciado el movimiento armado, obedece a
las muertes ocasionadas por el mismo confl icto, pero también a otros factores, como el incremento de la migración,
la disminución de los nacimientos, así como la mortalidad
por propagación de enfermedades infecciosas y parasitarias,
tales como la infl uenza española, brotes de tifo, meningitis, fi ebre tifoidea y sarampión. La escasa tecnología en
materia de salud de la época y las difíciles condiciones que
experimentaba la infraestructura sanitaria del país en aquel
momento, difi cultaban el tratamiento de las enfermedades,
las cuales terminaban por convertirse en epidemias.
Sin embargo, en los años posteriores al periodo revolucionario el proceso de reconstitución del país mejoró de
en un censo que se levantó durante tres años y que reunía
información sobre las características de la población, de los
recursos naturales, y de la manufactura, entre otros.
Después de consumarse la Independencia, Lucas Alamán (1830-1832) promovió por decreto, en mayo de
1831, la realización del censo de población. Posteriormente, el presidente Manuel González (1880-1884) creó en
mayo de 1882 la Dirección General de Estadística (DGE),
que tenía por objetivo recabar, clasifi car y publicar los datos
estadísticos de la población.
A partir de 1900 se estableció el levantamiento de
un censo cada diez años, lo cual se ha cumplido de forma
ininterrumpida hasta la fecha y con un número creciente
de variables de interés involucradas (véase cuadro 1 del
Anexo). Alrededor de ese periodo se comenzó a obtener la
información proveniente de los registros administrativos,
organizando entonces una serie de estadísticas vitales que
va de 1893 a 1910. Como los registros actuales, la principal
función de dicha información era contar con datos sobre
nacimientos, defunciones y matrimonios.
Como es posible observar, el interés por conocer características básicas de la población, como su volumen,
estructura y composición, existe desde tiempos ancestrales
y, desde entonces, alienta el diseño de instrumentos de
recolección de información cada vez más detallados y de
mayor envergadura.
Según se verá más adelante, conforme transcurre el
tiempo, la dinámica social tiende a tornarse cada vez más
compleja, afectando el comportamiento de las variables
demográfi cas, al mismo tiempo que se ve alterada por las
mismas. Esta interrelación de estrecha reciprocidad requiere de instrumentos progresivamente más refi nados para su
análisis, lo cual obliga a mejorar la calidad y la cantidad de
la información recabada.
De este modo, a partir de las fuentes de datos disponibles hasta el momento, a continuación se destacan algunos
de los rasgos más notorios de la evolución de la población y
sus componentes en México, a partir de la segunda década
del siglo XX, signada indudablemente por el movimiento
revolucionario.
Evolución de la población y sus políticas
A un siglo de iniciado el movimiento de la Revolución
Mexicana, el país ha vivido una serie de cambios demo-
1
Se estima que durante este periodo, se perdió un millón de vidas e incluso
algunos autores sostienen que de no haber atravesado México por los años
que ocuparon a la Revolución, el número de habitantes en el país pudiera
haber ascendido a 17.2 millones de personas (CONAPO, 1993:20).13
Situación Demográfi ca de México 1910-2010
Las acciones emprendidas por la administración pública
bajo la orientación de esta ley se relacionaban, sobre todo,
con políticas pronatalistas, incentivos a la inmigración de
extranjeros y con la repatriación de mexicanos que habían
dejado el país por el confl icto armado.
Las mismas preocupaciones se plasmaron en la Ley
General de Población de 1947. En la nueva década se
experimentaba ya un periodo de crecimiento económico
importante que requería ser traducido en desarrollo social.
Este documento destacaba la importancia de promover la
natalidad, la necesidad explícita de disminuir la mortalidad
y la procuración de inmigrantes, preferiblemente “extranjeros sanos de buen comportamiento y que sean fácilmente
asimilables a nuestro medio con benefi cio para la especie
y para la economía del país.”
3
Como producto de tales políticas poblacionistas, en
1950 México contaba ya con 25.8 millones de habitantes
y con una estructura por edad aún muy joven (42% de la
población tenía menos de 15 años). El énfasis de décadas
anteriores en la política de poblar México mostró claramente sus efectos a principios de los 60, cuando la tasa de
crecimiento medio anual ascendió a 3.1% y la población
se situó en 34.9 millones de habitantes (17.4 millones de
hombres y 17.5 millones de mujeres).
En esta etapa de vertiginoso incremento en algunos
indicadores demográfi cos, la atención en la política de
población y, por ende, en la planeación demográfi ca, dejó
de centrarse en fomentar el incremento poblacional y se
focalizó, mediante el debate político que se extendió a
décadas posteriores, en considerar a dicho incremento
como un condicionante necesario para detonar y sostener
el proceso de desarrollo económico y social, pero que debía
comenzar a controlarse.
Así, los años 70 estuvieron marcados por la toma de
decisiones cruciales en materia de planeación demográfi ca
que dieron un nuevo giro a la forma de entender y conducir
la relación entre la población y el desarrollo. La explosión
demográfi ca prevaleciente amenazaba con volver insufi -
cientes los recursos generados por el crecimiento econó-
mico y ya comenzaban a ser evidentes las desigualdades en
el reparto de los dividendos de dicho crecimiento.
En su primer informe de gobierno, el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez declaró que la población
manera sensible las condiciones de vida de la población,
avance que se ha sostenido gradualmente a través del
tiempo, aunque el perfi l epidemiológico ha tendido a
complejizarse. De este modo, desde entonces el incremento poblacional en términos absolutos ha sido constante
(véase gráfi ca 1).
Grafi ca 1. Población total por sexo y década
1910-2010
Fuente: Censos de Población 1910-2000. CONAPO: Indicadores demográfi cos,
2005-2030.
3
Ley General de Población, 1947. Artículo 7.
Al inicio de la década de los años 30, México aún se
encontraba convulsionado, tanto por acontecimientos
nacionales —como la crisis política del momento que derivó en el asesinato de Álvaro Obregón en 1928—, como
internacionales —la crisis económica causada por la Gran
Depresión de 1929.
Ante la necesidad imperiosa de recomponer la dinámica
social del país y sentar las bases para su desarrollo, tomó
fuerza la noción que relaciona a éste con el volumen de la
población. Así, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, el
objetivo de poblar a México a través de diversas iniciativas
fue consignado en la primera Ley General de Población del
país, promulgada en 1936.
2
2
La tarea requirió de un arduo desempeño en diferentes ámbitos que
desde la Constitución de 1917 se venían fortaleciendo. Por ejemplo, en la
Constitución se determinaba ofi cialmente una nueva división geopolítica del
territorio. En el Censo de 1921 aparecieron por primera vez las entidades
de Baja California, distrito Norte y Baja California, distrito Sur, además de
Nayarit (INEGI 1999). 14
La situación demográfi ca de México 2010
había alcanzado los 50 millones de habitantes y pronosticaba que “previsiblemente la población del país se
duplicará antes de que transcurra un cuarto de siglo”.
4
De
haberse mantenido los patrones de crecimiento alcanzados
en 1970, las predicciones del gobierno en turno podrían
haberse cumplido, sin embargo, la visión que se tuvo en
el momento derivó en la aplicación de una política demográfi ca sin precedentes.
En ese año los temas poblacionales impulsaron internacionalmente a México como un país a la vanguardia en
la materia. En 1974 la ONU distinguía a nuestro país como
la sede de la Conferencia Mundial del Año Internacional de
la Mujer, en donde se reiteró que la política demográfi ca de
cada nación depende de su voluntad soberana, que debe
integrarse a la estrategia general sobre el desarrollo y respetar al ser humano y a la pareja, única responsable de elegir
de manera informada y libre el número y espaciamiento
de los hijos. En este contexto se promulgó la nueva Ley
General de Población de 1974 y, por mandato de ésta, en
1975 se creó el Consejo Nacional de Población (CONAPO),
que a partir de entonces sería el órgano encargado de la
planeación demográfi ca del país.
Cien años de transformaciones en
los componentes del cambio demográfi co
El comportamiento demográfi co de la población se encuentra condicionado por la dinámica de sus componentes, es
decir, la fecundidad, la mortalidad y la migración, tanto al
interior como al exterior del territorio. La evolución de cada
uno de estos elementos será documentada a continuación,
en función de la disponibilidad de información estadística
en los últimos cien años.
Alrededor de 1910, en el país ocurrían 31.8 nacimientos por cada mil habitantes y 32.1 defunciones por mil
habitantes, es decir, la relación entre los “ingresos” y los
“egresos” de la población de aquella época era prácticamente de uno a uno, lo cual difi cultaba sobremanera que
el volumen de la población aumentase.
Como es posible apreciar en la gráfi ca 2, la mortalidad
mantuvo un comportamiento ascendente durante la dé-
cada de los años 20, lo cual refl eja el impacto que tuvo la
lucha armada y el contexto epidemiológico que la circundó
durante la época. En 1930, la tasa de mortalidad se ubicó
en 26.7 defunciones por cada mil habitantes, una tasa
aún muy alta aunque menor a la observada años atrás. A
partir de este momento, la tendencia de este indicador se
mantuvo en franco descenso, disminuyendo de 22.8 en
1940 a 4.9 en 2000 (véase gráfi ca 2).
4
Este pronóstico se cumplió 32 años después cuando la población de
México alcanzó 100.1 millones de habitantes.
Gráfi ca 2. Población y Tasas de Mortalidad y Natalidad,
1910-2010
Fuente: Estimaciones del Consejo Nacional de Población. INEGI, Estadísticas
Históricas de México, 2009.
Al respecto, se espera que en el futuro la tasa de mortalidad inicie una trayectoria ascendente, como resultado
del proceso de envejecimiento demográfi co por el que
el país ya transita. Es decir, el perfi l de la mortalidad del
futuro será sustantivamente distinto al que se observaba
en las primeras décadas del siglo XX, cuando cerca de la
mitad de las muertes se concentraba en individuos menores de 15 años; en la actualidad lo hace en personas
de 65 años o más.
Al interior de la mortalidad, en estos 100 años de
recuento demográfi co, destaca el comportamiento de la
mortalidad infantil, un indicador clave en la esperanza
de vida de la población, considerado también como una
aproximación a las condiciones de desarrollo y bienestar de
una sociedad particular, en la medida en que sus causas son
generalmente prevenibles y tratables a bajo costo.15
Situación Demográfi ca de México 1910-2010
Ahora bien, mientras la mortalidad iniciaba una trayectoria descendente de muy largo aliento, el número de
nacimientos que ocurrían en el país aumentó de forma
notable y después se mantuvo constante por varias décadas, aproximadamente hasta 1970. Durante este periodo,
la disminución de la pérdida de población por mortalidad y
el incremento en el número de individuos que se incorporaba a la misma a través de la natalidad, trajo consigo un
vertiginoso crecimiento poblacional.
En cuanto a la reproducción de la población, la
tasa global de fecundidad (TGF) es otro indicador que
muestra claramente la relación recíproca y de mutua
determinación entre el comportamiento demográfi co
de una sociedad y las acciones de política pública que
buscan orientar dicho comportamiento hacia el desarrollo
de la población, incluso en temas tan íntimos como la
reproducción biológica. En un momento en que se consideró que el volumen de una población se asociaba con
mayores niveles de crecimiento económico y bienestar,
la fecundidad fue incentivada desde la política pública,
mientras que cuando se sostuvo que el crecimiento debía
ser regulado en aras de la distribución equitativa de los
benefi cios del desarrollo, este componente del cambió
demográfi co fue controlado.
Las fuentes de datos históricos registran en 1930 una
TGF de 6.0 hijos promedio por mujer a lo largo de su vida
fértil. Las intervenciones públicas de corte pronatalista tuvieron el efecto esperado y, casi 40 años después (1968),
la TGF alcanzó un nivel máximo en la historia del país de
7.1 hijos por mujer.
Las acciones estipuladas en la Ley General de Población, vigente hasta nuestros días, contemplaban desde
mediados de 1970 la regulación de la fecundidad a partir
de dos estrategias estrechamente vinculadas: por una
parte, la difusión de información sobre los benefi cios
de planear el número de hijos que se deseaba tener y de
espaciar dicha descendencia; por otra parte, se establecía
la provisión de información, servicios y tecnología anticonceptiva que permitiera a los individuos concretar sus
preferencias reproductivas, en las mejores condiciones
de salud posibles.
De esta forma, en México, como en otros países del
mundo, el uso de anticonceptivos es el componente que
más ha contribuido a la reducción de los niveles globales
de fecundidad. La prevalencia del uso de métodos anticonceptivos mantiene un comportamiento ascendente hasta
A principios del siglo XX, la mortalidad infantil llegó a
alcanzar las 320.8 defunciones por cada mil nacidos vivos.
Es decir, alrededor de uno de cada tres recién nacidos no
sobreviviría el primer año de vida. En 1930 el indicador
alcanzaba las 131.6 defunciones por cada mil nacimientos. Sin embargo, a mediados del siglo XX, las sustantivas
mejoras experimentadas en la atención de la salud de la
población, así como las campañas nacionales para erradicar brotes y epidemias de enfermedades infecciosas y
parasitarias, como el paludismo, lograron disminuir la tasa
a 92.3 defunciones por cada mil nacidos vivos a principios
de los años 60.
Aunque la mortalidad infantil ha evolucionado en
cuanto a sus causas, las enfermedades infecto-contagiosas
ocuparon por décadas los primeros lugares. En la actualidad,
las primeras causas de muerte de infantes son las afecciones
perinatales y las anomalías congénitas, padecimientos que,
si bien son más complejos, también son detectables en fases
tempranas que permiten la intervención, siempre y cuando
se fortalezca la práctica de las revisiones prenatales y se
eviten en lo posible los embarazos no planifi cados. Esta
evolución en los patrones de mortalidad infantil permite
que, en 2010, el indicador haya logrado ubicarse en 14.2
defunciones por cada mil nacimientos.
Los niveles de mortalidad y, en particular, de mortalidad infantil impactan de manera directa la esperanza
de vida de la población. De esta manera, a principios del
siglo XX, la alta mortalidad infantil acompañaba a una baja
expectativa de vida al nacimiento que fl uctuaba alrededor
de los 25 años.
Las transformaciones en la forma de concebir y atender la salud de la población lograron que, para 1940, este
indicador se situase en los 41.5 años (40.4 hombres y
42.5 mujeres), aunque sus niveles todavía estaban muy
distantes de los alcanzados por países desarrollados.
5
En 1970, los mexicanos alcanzaron una esperanza de
vida de 61.9 años (60.0 para hombres y 63.8 para mujeres). En 2010, la esperanza de vida total al nacimiento es
de 75.4 años, lo cual es un refl ejo de los logros en materia
de salud y desarrollo, pero también un anuncio de cómo,
al vivir cada vez más, la mortalidad trasladará su peso preponderante hacia las edades más avanzadas de la vida.
5
En ese mismo año, España alcanzó una esperanza de vida al nacimiento de
50.1 años (47.1 hombres y 53.2 mujeres). (Goerlich y Pinilla, 2006).16
La situación demográfi ca de México 2010
nuestros días, aunque los incrementos son cada vez más
reducidos, conforme se alcanza un umbral ya alto. En 1976,
sólo tres de cada diez mujeres en edad fértil unidas regulaban su fecundidad mediante el uso de algún anticonceptivo.
En 1987 esta proporción aumentó a cinco de cada diez y
en 2009 son poco más de siete de cada diez.
Así, el objetivo de reducir el número de nacimientos
se fue concretando de forma gradual. En 1980, la TGF ya
había disminuido a 4.8 hijos por mujer y el día de hoy las
mujeres mexicanas tienen dos hijos, en promedio, a lo largo
de su vida reproductiva.
Otra parte fundamental de la dinámica demográfi ca es
la movilidad de los individuos, tanto al interior del territorio
nacional como fuera de él. La migración en México es un
componente que ha experimentado notables transformaciones a lo largo de los últimos cien años, modifi cando a lo
largo de la historia su peso específi co en los procesos del
cambio demográfi co.
En el último periodo de la lucha revolucionaria que
pondría fi n a la gestión de Porfi rio Díaz, la migración se
vio incentivada tanto por el traslado de tropas como por
el desplazamiento de gente que huía de lugares en donde
había constantes enfrentamientos bélicos. Dichos desplazamientos no necesariamente llegaban hasta la frontera
norte pero, entre los que lo hacían, existía la intención
de internarse en Estados Unidos (Gutiérrez,1995). El
país vecino repatrió en forma masiva población de origen
mexicano en los años posteriores al fi n de la Revolución
y se estima que entre 1929 y 1935 regresaron a México
más de medio millón de personas que tuvieron que ubicarse
principalmente en ciudades fronterizas del norte del país
(Gutiérrez, 1995).
Aunque durante estas primeras tres décadas del siglo
XX no se expidió ninguna ley de población y de distribución territorial, la coyuntura propició acciones que posteriormente se materializaron en leyes en ambos lados de
la frontera, incentivando desplazamientos poblacionales
hacia la región norte de México.
Un ejemplo de ello es la puesta en marcha del convenio suscrito para la contratación de braceros mexicanos en Estados Unidos, así como la difusión de sus
benefi cios. Se mencionaba, por ejemplo, que “algunas
de las cláusulas del referido arreglo han tenido como
consecuencia que se eliminen en algunas regiones las
prácticas discriminatorias que prevalecían en contra de
nuestros compatriotas”.
Asimismo, se reportaba que habían cruzado el territorio nacional 11 300 personas como transmigrantes y se
concedía la calidad de inmigrados a 3 700 extranjeros.
6
A
principios de los años 50, la cifra ofi cial registró a 106 mil
residentes extranjeros en México.
La migración de mexicanos a los Estados Unidos se
incrementó de manera importante a partir de la segunda
mitad del siglo pasado. Se estima que en 1970 los mexicanos que residían en aquel país sumaban alrededor de
800 mil personas.
El análisis que se ha hecho de la migración internacional
ha evolucionado a lo largo del tiempo, pero la perspectiva
sigue siendo básicamente la misma pues se sostiene que se
trata de un fenómeno que se origina en la desigualdad en
el nivel de desarrollo de distintas regiones del país. En su
quinto informe de gobierno el presidente Echeverria declaraba que: “Este fenómeno… obedece fundamentalmente al
abandono en que se tuvo a nuestra vida rural… La solución
al problema de los braceros depende, pues, de nuestros
propios esfuerzos. Los campesinos deben tener una vida
digna en su propio país.” Asimismo, reiteraba que no había
celebrado un nuevo convenio de trabajadores migratorios
con Estados Unidos porque las condiciones propuestas no
convenían a los intereses de México (Echeverría, 1975).
A pesar de las condiciones en las que transcurre el
proceso migratorio en la gran mayoría de los casos, en
particular la migración internacional hacia Estados Unidos
ha sido un fenómeno muy intenso, con largas etapas de
crecimiento. La población mexicana que residía en aquel
país en 1980 era de 2.2 millones de personas, el triple de
lo observado en 1970. A partir de la década de los 80 este
fenómeno entra en una fase de crecimiento acelerado y
cambian notablemente sus modalidades y circunstancias,
incrementándose drásticamente el volumen de personas
migrantes sin documentación.
En el 2000 la población de mexicanos residentes en
Estados Unidos aumentó a 8.1 millones y en 2007 eran
ya 11.8 millones (véase gráfi ca 3), los cuales representan
alrededor de 4% de la población total de ese país.
Por otra parte, la migración interna se convirtió poco
a poco en un elemento determinante de los cambios en la
distribución demográfi ca del país. Como ya ha sido referi-
6
Cuarto informe de gobierno del presidente Miguel Alemán Valdés, 1 de
septiembre de 1950.17
Situación Demográfi ca de México 1910-2010
do, la imperiosa necesidad de poblar el país se relacionaba
de manera directa con un mayor crecimiento económico,
en tanto políticamente se deseaba mostrar al exterior la
fortaleza de un país en reconstrucción, sin embargo, este
cometido no fue fácil de lograr.
La dispersión de la población en el país en aquella
época se refl ejaba en el porcentaje predominante de
población rural: en 1910 más del 70% de la población
habitaba en zonas rurales y menos de la tercera parte se
ubicaba en zonas urbanas
7
(véase gráfi ca 4). Entidades
como Jalisco, Veracruz, Puebla, Guanajuato y Oaxaca
contaban con más de un millón de habitantes en ese
año, mientras que el Distrito Federal y Nuevo León no
rebasaban el millón de habitantes (720 mil y 365 mil,
respectivamente).
En los años 30 la población rural comenzó a perder
terreno lentamente frente a la urbana, que representaba
ya 33.5% de la población. Sin embargo, a partir de la
década de los 40, el país experimentó una intensa fase de
industrialización —fundamentalmente en torno al petróleo
y la manufactura— que detonó el crecimiento económico
y estimuló la generación y desarrollo de centros urbanos.
Asimismo, la región fronteriza del norte del país y sus localidades más habitadas se consolidaban de forma gradual
como producto de la repatriación de mexicanos ya referida
y del establecimiento escalonado de una franja de comercio
libre de impuestos. En esta región, el gran desarrollo comercial atraía mano de obra, cuyo traslado fue incentivado
desde ambos lados de la frontera
Veinte años después, en 1950, el incremento de población que tanto se buscó a principios del siglo XX, comenzaba
a materializarse de la mano de un intenso proceso de urbanización; para entonces, 57.4% de la población era rural y
42.6% urbana. Al inicio de la segunda mitad del siglo XX,
el Distrito Federal ocupaba ya el primer lugar en número
de habitantes (3 millones), seguido por Veracruz, Jalisco,
Puebla y Michoacán.
En la actualidad, la distribución de la población por
tamaño de localidad observada a principios del siglo XX
se revirtió totalmente, en vista de que siete de cada diez
habitantes del país reside en una localidad urbana.
El breve repaso que hasta aquí se elabora, muestra
cómo en los últimos cien años los componentes más
relevantes de la dinámica demográfi ca han modifi cado
radicalmente sus tendencias. Como se ha visto, se trata
de procesos de muy largo aliento, que afectan a y son
afectados por la dinámica social, económica y política
correspondiente a una época determinada. De ahí que
la política de desarrollo y cualquier acción que se desee
emprender en materia de bienestar, debe considerar a la
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